Autor: Nexar Folio

  • ¿Qué es un ETF?

    ¿Cómo funciona un ETF?

    Piensa en un ETF como si fuera una cesta de la compra ya preparada. En lugar de ir buscando y comprando acciones sueltas de Apple, Microsoft o Amazon, adquieres directamente un producto que ya las agrupa. Si eliges un ETF del S&P 500, por ejemplo, estás invirtiendo de una sola vez en las 500 principales empresas de Estados Unidos.

    El riesgo y la rentabilidad

    La mecánica es muy simple: si a la mayoría de las empresas de la cesta les va bien, tu dinero crece. Si el mercado cae, tu inversión también lo hará. Es decir, repartes la inversión para amortiguar los golpes, pero el riesgo de perder dinero siempre sigue ahí. Y aunque lo típico es replicar un índice global, también existen ETFs centrados en sectores muy concretos o en otro tipo de activos.

    Ventajas principales

    • Diversificación rápida: Repartes el riesgo entre muchas empresas sin necesidad de ir comprando una a una ni tener un gran capital.
    • Comisiones mínimas: Como la mayoría se limitan a copiar el comportamiento de un índice de forma automática, los costes de gestión son bajísimos.
    • Operativa muy ágil: Funcionan igual que las acciones de toda la vida; puedes comprarlos y venderlos en tiempo real con el mercado abierto.
    • Transparencia total: Tienes acceso constante a la composición de esa cesta, por lo que siempre sabes dónde está invertido cada céntimo.

    ¿Es totalmente seguro invertir en un ETF?

    Seguro al cien por cien no hay nada. Nada. Si la bolsa se la pega, tu dinero va a caer también. La ventaja de esto es que, como compras un poco de todo a la vez, el golpe duele bastante menos que si apuestas todo a una sola empresa y se hunde. Pero el riesgo de perder dinero sigue ahí. Siempre. Por eso antes de poner un euro, tienes que mirar muy bien qué estás comprando. Tienes que mirar qué comisiones te cobran. Y sobre todo, pensar bien si vas a necesitar ese dinero mañana o en diez años.

    En pocas palabras

    Es la vía más fácil para meterse en bolsa. Así no te vuelves loco comprando acciones sueltas por tu cuenta. Pero tienes que entender cómo funciona el tema antes de hacer nada con tus ahorros.


  • Ventajas de los ETF

    Invertir en bolsa no significa tener que comprar acciones de muchas empresas por separado. Los ETF permiten hacerlo de una forma más sencilla: con una sola compra, puedes invertir en decenas o incluso miles de activos, dependiendo del fondo que elijas.

    Pero la diversificación no es su único atractivo. Sus comisiones, la facilidad para comprarlos y la variedad de mercados a los que dan acceso también explican por qué se han vuelto tan populares entre los inversores.

    1. Invertir en muchas empresas a la vez

    Imagina que quieres invertir en empresas como Apple, Microsoft o Amazon, pero también te interesa tener exposición a otras compañías. Comprar cada acción por separado llevaría tiempo y dinero.

    Un ETF que replique el S&P 500, por ejemplo, te permite invertir en las grandes empresas que forman parte de ese índice a través de un solo producto. Así, tu inversión no depende únicamente de cómo le vaya a una compañía concreta.

    Eso sí, diversificar no significa que estés libre de pérdidas. Si cae el mercado en el que invierte el ETF, el valor de tu inversión también puede bajar.

    2. Comisiones que pueden marcar la diferencia

    Los costes son uno de los aspectos que merece la pena mirar antes de invertir. Muchos ETF indexados tienen comisiones de gestión bajas porque se limitan a seguir un índice, en lugar de intentar elegir constantemente las inversiones que mejor se comportarán.

    Puede que pagar unas décimas más al año no parezca importante, pero esa diferencia se va acumulando con el tiempo. Por eso, comparar las comisiones puede ayudarte a conservar una mayor parte de la rentabilidad obtenida.

    También conviene comprobar si tu plataforma cobra por comprar o vender y qué diferencia existe entre el precio de compra y el de venta.

    3. Puedes comprarlos y venderlos en bolsa

    Los ETF cotizan en bolsa, igual que las acciones. Esto permite consultar su precio y operar durante el horario de negociación, sin tener que esperar al cálculo del valor liquidativo que utilizan muchos fondos tradicionales.

    Ahora bien, poder venderlos en cualquier momento no significa que siempre vayas a conseguir el precio que esperas. El valor cambia durante la sesión y algunos ETF tienen menos operaciones que otros, algo que puede influir en el precio de compraventa.

    4. Hay ETF para distintos mercados y sectores

    No todos los ETF invierten en lo mismo. Algunos siguen índices mundiales, otros se centran en Estados Unidos o Europa y los hay especializados en tecnología, energías renovables, mercados emergentes o bonos.

    Esta variedad permite construir una cartera según tus objetivos. Por ejemplo, puedes combinar un ETF de acciones globales con otro de renta fija para repartir la inversión entre distintos tipos de activos.

    La elección importa: concentrarse en un solo sector puede ofrecer oportunidades, pero también implica asumir riesgos mayores que invertir en un conjunto amplio de mercados.

    5. Es más fácil saber dónde inviertes

    Antes de comprar un ETF, puedes consultar qué activos contiene, qué índice sigue y cuánto cuesta mantenerlo. Esa información te permite entender mejor el producto y compararlo con otras alternativas.

    También puedes elegir entre ETF que reinvierten los dividendos y otros que los distribuyen entre sus inversores. La primera opción puede resultar práctica para quienes buscan acumular capital a largo plazo; la segunda permite recibir esos ingresos periódicamente.

    ¿Merece la pena invertir en ETF?

    Los ETF pueden ser una buena herramienta para invertir de forma diversificada sin complicarse comprando numerosos activos por separado. Sus costes, su flexibilidad y la variedad de opciones disponibles son ventajas importantes.

    Aun así, no todos son iguales ni todos encajan con cualquier inversor. Antes de elegir uno, revisa en qué invierte, cuánto cobra y qué riesgos asumes. Que un ETF sea fácil de comprar no significa que sea una inversión segura.

    Este artículo tiene fines educativos y no constituye asesoramiento financiero.


  • ETF vs. Fondos Indexados tradicionales

    Mucha gente se lía bastante cuando tiene que elegir entre un ETF y un fondo indexado normal porque al final del día los dos hacen prácticamente lo mismo que es copiar a un mercado entero para que no tengas que estar tú eligiendo acciones sueltas una por una con el riesgo enorme que eso tiene. Hacen lo mismo. Compran todo el paquete de golpe. La diferencia de verdad está en cómo los compras y en cómo se pagan los impuestos después.

    El tema de comprar y vender

    Con un ETF tú operas exactamente igual que si estuvieras comprando acciones de la bolsa normal y corriente. Abres el móvil a las doce del mediodía y ves el precio cambiando en ese mismo momento exacto en la pantalla y si le das al botón de comprar lo compras a ese precio concreto. Ya está. Un fondo indexado tradicional funciona distinto porque tú mandas la orden de compra o de venta por la mañana y no tienes ni idea del precio real que vas a pagar hasta que cierra el mercado por la noche y el banco hace los cálculos de lo que vale todo junto. Cero control sobre el precio exacto del momento. Cero.

    La jugada de los impuestos

    Aquí está la diferencia enorme que hace que los fondos indexados ganen por goleada a los ETF para muchísima gente. Si tú tienes un ETF y quieres cambiar tu dinero a otro ETF distinto porque te has cansado o porque prefieres otra cosa de repente, tienes que vender el primero por fuerza. Al vender pagas impuestos a Hacienda por las ganancias que hayas tenido. Sí o sí. Con un fondo indexado tradicional puedes coger todo tu dinero y pasarlo directamente a otro fondo indexado diferente haciendo un traspaso y no pagas absolutamente nada de impuestos a Hacienda por hacer ese cambio. Nada de nada. El dinero pasa de uno a otro y sigue creciendo todo entero sin que Hacienda te quite un trozo por el camino.

    Comisiones por meter dinero

    Los bancos y los brókers te van a cobrar una comisión fija de compraventa casi siempre que compras o vendes un ETF porque repito que funciona como comprar acciones en bolsa. Si vas a meter cien eurillos cada mes, que el banco te cobre tres o cuatro euros de comisión cada vez que haces un ingreso te destroza la rentabilidad por completo porque te están quitando mucho porcentaje de golpe. Un desastre total. Los fondos indexados no suelen cobrar esa comisión extra por ir metiendo dinero nuevo cada mes, así que son mil veces mejores si tu idea es ir metiendo poco a poco parte de tu sueldo de forma automática sin que el banco te quite un pellizco por la cara cada vez que haces una transferencia.

    Al final si tienes pensado hacer aportaciones pequeñas todos los meses y quieres aprovechar la ventaja de poder saltar de un fondo a otro sin pasar por la caja de Hacienda en ese momento, el fondo indexado tradicional es lo que tiene mucho más sentido para tu bolsillo a largo plazo. El ETF déjalo solo para cuando quieras hacer operaciones de comprar y vender sabiendo el precio al segundo o si quieres invertir en sectores muy raros y específicos donde no existen fondos indexados normales.

  • ETFs de Acumulación vs. Distribución: ¿Cuál te conviene más?

    Vamos al grano directamente. Cuando tú metes dinero en un ETF que tiene dentro empresas que reparten beneficios a sus accionistas, llega un punto en que esos beneficios te los tienen que dar a ti de alguna manera porque tú eres el dueño de una parte de todo eso. Ese dinero se llama dividendo. Y aquí es donde los caminos se separan por completo. Se separan por completo.

    Los ETFs de distribución hacen exactamente lo que su nombre dice que hacen. Te distribuyen la pasta. Te ingresan el dinero en tu cuenta del banco cada tres meses o cada seis meses. La verdad es que hace muchísima ilusión ver que te entra dinero de golpe en la cuenta sin que hayas hecho absolutamente nada para ganártelo. Mola bastante. El problema gigante que tiene esto es que cada vez que el banco te hace ese ingreso en tu cuenta corriente, Hacienda pasa por ahí y se queda con un 19% o un 21% de ese dinero tuyo antes de que puedas tocarlo. Te quitan un buen pico. Eso es así. Entonces claro, si tu plan era coger ese mismo dinero de los dividendos y volver a invertirlo para hacer la bola de nieve más grande, pues ahora tienes bastante menos dinero para invertir porque Hacienda se ha llevado su trozo por el camino.

    Luego por el otro lado están los ETFs de acumulación. Para mí son los mejores con diferencia. Lo que hacen estos ETFs de acumulación es que cogen esos dividendos que pagan las empresas y en vez de ingresártelos a ti en tu cuenta del banco para que te los gastes, los cogen y compran más acciones del propio ETF automáticamente sin preguntarte absolutamente nada y sin que tú veas ese dinero pasar por tus manos en ningún momento de tu vida. Todo automático. Cero esfuerzo. ¿Y cuál es la gracia de hacer esto así? Pues que como ese dinero de los dividendos nunca llega a tocar tu cuenta del banco, Hacienda no se entera y no te cobra impuestos por ese dinero. No te cobran impuestos. Todo ese dinero íntegro se vuelve a reinvertir de golpe y hace que tus ahorros crezcan muchísimo más rápido con el paso de los años porque tienes el dinero trabajando al cien por cien sin pagar peajes inútiles.

    La decisión de cuál comprar depende totalmente de tu situación de vida ahora mismo. Depende de ti. Si tienes treinta o cuarenta años y estás ahorrando a muy largo plazo para el día de mañana, los de acumulación tienen todo el sentido del mundo para no regalarle dinero a Hacienda. No hay necesidad de regalarle dinero a Hacienda cada dos por tres. Acumulación siempre. Ahora bien, si ya tienes una edad o tienes muchísimo dinero ahorrado de toda tu vida y lo que buscas es que te vaya cayendo un sueldecito extra todos los meses para pagar las facturas del supermercado o para irte de viaje sin tener que estar vendiendo tus acciones, entonces los ETFs de distribución sí que son lo que necesitas. Piénsalo bien.

  • Diccionario del inversor: TER, Tracking Error, Spread y Liquidez

    Cuando empiezas a mirar dónde meter los ahorros te tiran a la cara un montón de siglas raras en inglés que no hay quien entienda de primeras. Parece que los bancos y los brókers lo hacen a propósito para que te rindas, cierres la página y dejes el dinero muerto de risa en la cuenta perdiendo valor con la inflación.

    Pero vamos a traducir estas cuatro palabrejas que te vas a cruzar mil veces a la hora de buscar un fondo indexado o un ETF. Cuatro cosas. Nada más.

    TER (Total Expense Ratio)

    El TER es básicamente lo que te cuesta la fiesta. Es la comisión total que te cobra el fondo por existir y por hacer su trabajo. Nada más. Si ves que un fondo tiene un TER del 0,20%, significa que cada año te van a quitar ese porcentaje exacto de todo el dinero que tengas metido ahí, ganes dinero ese año o lo pierdas, porque esa es la comisión fija que te cobran sí o sí. Te la descuentan ellos directamente del fondo sin que tú tengas que pagar nada aparte de tu bolsillo, así que muchas veces ni te enteras de que te la están cobrando. Busca siempre que el TER sea lo más bajo posible porque a la larga ese porcentaje tonto se nota muchísimo. Muchísimo.

    Tracking Error

    Imagínate que tú intentas calcar un dibujo poniendo un folio por encima de la hoja. El Tracking Error es la cantidad de veces que te sales de la raya al dibujar. Cuando tú compras un fondo indexado que copia al Ibex 35 o al S&P 500, tú quieres que tu fondo haga exactamente lo mismo que hace ese mercado, pero a veces el señor que gestiona el fondo tarda un rato en comprar las acciones o tiene gastos por el medio y al final el fondo no sube exactamente lo mismo que el índice de verdad. Esa pequeña diferencia que hay entre lo que hace el mercado real y lo que hace tu dinero es el Tracking Error. Cuanto más bajo sea el número, mejor lo están haciendo calcando al mercado. Si es muy alto, huye. Huye de ahí rápido.

    Spread (o la horquilla)

    A ver, esto del spread es la horquilla de precios de toda la maldita vida. Es la diferencia entre el precio al que alguien te quiere vender una cosa y el precio al que otro te la quiere comprar en ese mismo segundo exacto. Piensa en cuando vas al aeropuerto a cambiar euros por dólares para irte de viaje y ves en el cartel brillante que te compran el euro a un precio súper barato pero te lo venden a otro precio distinto muchísimo más caro. Pues en la bolsa pasa igual. Si hay mucha diferencia entre el precio de compra y el de venta en la pantalla, el spread es alto y eso significa que palmas dinero nada más darle al botón de entrar. Palmas pasta. Tienes que buscar activos que tengan un spread enano para que comprar y vender cueste prácticamente lo mismo.

    Liquidez

    Esto es súper simple. Súper simple. La liquidez es lo rápido que puedes vender algo y tener el dinero contante y sonante en tu cuenta del banco sin tener que rebajar el precio a la desesperada para que alguien te lo compre de una vez. Si tú tienes una casa heredada en el pueblo, la liquidez es nula porque tardas meses en venderla. Meses o años. En cambio, si tienes acciones de Apple la liquidez es brutal porque le das al botón de vender en el móvil y en una milésima de segundo alguien en la otra punta del mundo te las ha comprado. Tienes que invertir en cosas muy muy líquidas para no quedarte pillado si algún día necesitas tu dinero por una urgencia médica o del coche.

    En fin, que no te asusten. Al final todo se resume en buscar cosas que sean baratas (TER bajo), que copien bien lo que dicen que copian (Tracking Error bajo), que no te atraquen al comprarlas (spread enano) y que las puedas vender rápido si te hace falta la pasta (mucha liquidez). Ya está. No tiene más misterio.

    Y bueno, te cuento todo esto por encima para que nos entendamos hablando en plata, que yo no soy tu asesor financiero.

  • Réplica física vs. Réplica sintética en ETFs: Lo que debes saber

    A la hora de meter dinero en un ETF, casi todo el mundo se fija en las comisiones y se olvida por completo de mirar lo más básico de todo. De qué está hecho el fondo por dentro. Literalmente. Porque tú te crees que estás comprando acciones de empresas de verdad pero a veces no estás comprando absolutamente nada de eso. Nada de nada.

    Y ahí es donde entra la movida esta de la réplica física y la réplica sintética. Suena a chino, lo sé. Pero es súper fácil de entender si te quitas la corbata y lo piensas un segundo.

    La réplica física (lo que ves es lo que hay)

    Esta es la fácil. La normal y corriente. Si tú pones tu dinero en un ETF de réplica física que copia a las empresas más grandes de Europa, el tío que gestiona el fondo coge tu dinero y va al mercado a comprar acciones reales de esas empresas con tu pasta. Las compra de verdad. Las tiene ahí guardadas.

    Si el folleto dice que el fondo invierte en Inditex, en Iberdrola y en el Banco Santander, pues en la cuenta de ese fondo hay acciones reales de Inditex, de Iberdrola y del Santander. Tú sabes exactamente lo que hay dentro porque está ahí físicamente en la caja fuerte, por así decirlo. Sin intermediarios raros ni contratos extraños por el medio que te puedan liar. Lo que ves es lo que hay. Punto y final.

    La réplica sintética (el pacto con el banco)

    Aquí la cosa cambia muchísimo. Muchísimo.

    Imagínate que quieres invertir en un mercado súper lejano y dificilísimo de acceder donde comprar las acciones de verdad es carísimo o casi imposible por culpa de los impuestos o la regulación de ese país de turno. Pues el fondo en vez de volverse loco intentando comprar esas acciones reales una a una pagando un dineral en comisiones, hace un trato con un banco de inversión grandísimo. Un contrato a puerta cerrada que se llama Swap.

    El fondo le dice al banco: «Oye, yo te doy a ti una pequeña comisión y a cambio tú me pagas a mí exactamente la misma rentabilidad que saque ese mercado raro».

    ¿Qué pasa entonces? Pues pasa que dentro de tu ETF sintético a lo mejor no hay ni una sola acción del mercado en el que tú crees que estás invirtiendo. Cero. A lo mejor por dentro el fondo está lleno de bonos del estado aburridos o de acciones de empresas japonesas que no tienen nada que ver con lo que tú querías, y lo único que te da la rentabilidad que buscas es ese contrato privado firmado con el banco.

    ¿Con cuál te quedas entonces?

    A ver, los sintéticos son una pasada para invertir en materias primas o cosas rarísimas donde la réplica física costaría una fortuna inasumible. Te ahorran mucha pasta. Pero tienen un riesgo extra que los físicos no tienen ni de broma.

    ¿Qué pasa si el banco grandísimo con el que han firmado el contrato quiebra de repente y se va al pozo? Pues que te comes un buen marrón porque el contrato de repente no vale ni el papel en el que está escrito. Un follón gordo. Es verdad que es muy raro que pase hoy en día porque hay mil millones de medidas de seguridad y avales por todos lados para que no pierdas tu dinero si el banco revienta, pero oye, el riesgo está ahí. Existe. No nos engañemos.

    Por eso, para cosas normales y corrientes como invertir en Estados Unidos o en Europa, la réplica física de toda la vida es mil veces mejor y te deja dormir a pierna suelta sin pensar en si un banco quiebra o no quiebra. Física siempre para lo básico. Sintética solo para cosas raras. Así de claro.

    Y lo de siempre, esto es solo mi forma de ver las cosas para que nos entendamos hablando en plata. Que yo no soy asesor de nadie y con tu dinero haces lo que tú veas.

  • Estrategia Core-Satellite con ETFs

    A ver, seamos sinceros. Te lees un par de libros de inversión y todos te dicen exactamente lo mismo. Te dicen que compres un ETF mundial súper aburrido, que metas ahí tu dinero todos los meses sin pensar y que te vayas a dar un paseo. Y tienen razón. Tienen muchísima razón. Pero la realidad es que hacer eso es un tostón tremendo porque el ser humano es así y nos gusta el salseo. Necesitamos tocar botones. Queremos hacer cosas.

    Pues para eso precisamente se inventó la estrategia Core-Satellite. Para matar el gusanillo de apostar sin arruinarte por el camino.

    El núcleo (la comida de tus hijos)

    El Core. El centro de todo tu chiringuito financiero. Aquí es donde vas a meter la grandísima mayoría de tu pasta, tipo el 80% o así de todo lo que tengas ahorrado. Y esto tiene que ser lo más aburrido y predecible del universo. Nada de inventos. Cero. Un ETF global que compre literalmente empresas de todo el mundo y a dormir a pierna suelta todas las noches. Ese dinero no se toca jamás. No se mira. Está ahí haciendo la bola de nieve para que dentro de veinte años tengas un colchón de dinero gigante. Es la base. Si la base de tu casa es de cartón, se cae todo. Todo.

    Los satélites (el casino controlado)

    Y aquí viene la fiesta. Ese 15% o 20% que te sobra es tu presupuesto para jugar a ser inversor experto sin peligro de acabar viviendo debajo de un puente. Que de repente te ha dado fuerte por pensar que el uranio va a subir muchísimo porque lo has leído por ahí, pues coges un pellizquito de tu dinero y compras un ETF de uranio. Que crees que la India va a comerse el mundo mañana mismo, pues compras un ETF de la India. Que te gusta la robótica, pues le metes ahí.

    Son satélites. Pequeñas apuestas sueltas que giran alrededor de tu núcleo aburrido principal.

    ¿Cuál es la gracia de esto? Pues que si una de estas apuestas raras sale fatal y la bolsa de la India se va al mismísimo pozo, pues oye, te duele un poco el orgullo pero tu dinero de verdad sigue a salvo en el núcleo aburrido de antes. No pasa nada grave. Sigues vivo. Pero si por pura casualidad aciertas y ese sector raro pega un pelotazo enorme, pues le sacas un dinero muy rico a ese pellizco.

    Psicología pura y dura

    Al final la gente que sabe de esto usa esta estrategia por pura psicología. Literalmente por eso. Porque si te obligas a ti mismo a ser cien por cien aburrido todo el rato, un día te calientas la cabeza por aburrimiento puro, vendes todo de golpe y lo metes en la peor chorrada posible. Pasa muchísimo. Teniendo tus satélites para jugar y entretenerte comprando cosas raras, dejas el dinero importante tranquilo. Funciona así. Es un engaño mental para no liarla parda con tus ahorros de verdad.

    Y ya sabes lo de siempre, que yo te cuento todo esto como se lo contaría a un colega tomándome algo en un bar. Que cada uno hace con su cartera lo que le da la gana y esto no es ninguna recomendación para que vayas y metas tu dinero a ciegas.

  • Inversión por factores

    Mira, llega un momento en que comprar el mundo entero te aburre soberanamente. Comprar el índice global y echarte a dormir está genial, sí. Está genial. Pero de repente lees por ahí que puedes ganar un poquito más de dinero si filtras un poco la basura que hay en esos índices gigantes. Y de ahí sale el rollo este de la inversión por factores. De filtrar la basura.

    ¿Qué narices es un factor? Pues una característica concreta que comparten un montón de empresas y que, si miras los libros de historia de la bolsa, resulta que te da un empujón extra a largo plazo. Un plus. No compras de todo a lo loco. Compras solo lo que cumple unas reglas muy específicas.

    Hay cuatro o cinco de estos factores que son los que usa todo el mundo:

    Irte a las rebajas (Value)

    Esto es el factor Value. Consiste básicamente en buscar empresas que ahora mismo todo el mercado odia a muerte y que cotizan tiradas de precio. Tiradas de precio. Las compras porque crees que están más baratas de lo que deberían y te sientas a esperar pacientemente a que la gente se dé cuenta de que no eran tan malas como parecían.

    Subirse a la ola (Momentum)

    El Momentum. Esto es literalmente comprar lo que ya está subiendo a lo bestia. Así de simple. Si una acción lleva seis meses subiendo sin parar, tú vas y la compras esperando que la inercia dure un rato más. Es seguir a la manada. Seguir a la manada esperando salirte antes de que se estrellen todos juntos.

    Las empresas pijas (Quality)

    Factor calidad. Buscas negocios aburridísimos pero que ganan una barbaridad de dinero todos los años sin fallar absolutamente nunca. Cero deudas. Todo cuadra. Son empresas muy caras de comprar normalmente, claro, pero te quitan muchísimos dolores de cabeza por las noches. Muchísimos dolores de cabeza.

    Las enanas (Size)

    El factor tamaño de toda la vida. Las empresas pequeñas tienen muchísima más facilidad para doblar su tamaño que un mastodonte gigante que ya no sabe hacia dónde crecer. Tienen mucho margen para expandirse. Así que pillas un ETF que solo tenga empresas pequeñitas y a correr.

    Todo esto suena espectacular en la teoría. Espectacular. El problema gigantesco de invertir por factores es que a veces se tiran años y años enteros sin funcionar en absoluto. Años. Tú te compras un ETF de empresas Value porque están baratísimas y te puedes tirar siete años seguidos viendo cómo tus amigos ganan muchísimo dinero con la tecnología mientras tú te quedas estancado en el pozo. Y claro, te frustras. Y vendes en el peor momento. Por eso aguantar esta estrategia de los factores psicológicamente es un infierno para la mayoría. Un infierno.

  • Lump Sum vs. Dollar Cost Averaging (DCA)

    Imagínate que de repente te cae del cielo una herencia o que acabas de vender el coche de segunda mano y te juntas con diez mil euros en la cuenta del banco muertos de risa. La gran duda. La duda que tiene todo el mundo. ¿Meto los diez mil pavos de golpe en un fondo o voy metiendo cien eurillos al mes para no pillarme los dedos si la cosa sale mal?

    Pues de esto va la pelea eterna entre meterlo todo de golpe (Lump Sum) y meterlo a poquitos (DCA).

    Meterlo todo de golpe (Lump Sum)

    Todo para adentro el mismo día. Si miramos los números puros y duros y miramos los estudios históricos de la bolsa de los últimos cien años, meter el dinero de golpe gana casi siempre. Gana por goleada. Gana porque el mercado históricamente siempre acaba subiendo, así que cuanto antes tengas absolutamente todo tu dinero ahí dentro trabajando para ti generando intereses, mucho mejor. Matemáticas puras.

    Pero claro. La teoría es preciosa hasta que metes tus diez mil euros un martes y el miércoles hay una crisis mundial rarísima que hunde los mercados un treinta por ciento de golpe dejándote con una cara de tonto que no te la quitas en tres años enteros porque ves que te han evaporado tres mil euros de tus ahorros en una sola maldita tarde sin que puedas hacer absolutamente nada para evitarlo. Un dolor de estómago increíble. Es durísimo aguantar eso psicológicamente sin darle al botón de vender por el pánico. Durísimo.

    Meterlo a poquitos (DCA)

    Y por eso precisamente la gente normal hace DCA. El DCA es ir metiendo el dinero a poquitos. A poquitos. Metes cien o doscientos euros todos los puñeteros meses pase lo que pase en el mundo. Llueva o haga sol.

    ¿Que la bolsa sube? Pues compras un poco más caro ese mes pero te alegras porque lo que ya tenías de antes vale más dinero. ¿Que la bolsa se hunde y sale en el telediario que es el fin de la economía? Pues te alegras muchísimo más todavía porque estás comprando acciones tiradísimas de precio en plenas rebajas con tus cien euros de ese mes concreto.

    Te quitas la ansiedad de encima de un plumazo. Te quitas el agobio constante de pensar si estás comprando en el momento perfecto o en el peor momento del siglo. Duermes tranquilo.

    Entonces qué Los números de las hojas de Excel dicen que meterlo todo de golpe es mejor para tu bolsillo. La cabeza humana dice que poco a poco es mejor para tu salud mental. Si tienes hielo en las venas y te da igual ver tu cuenta en rojo sangre durante un par de años enteros sin asustarte, mételo todo de golpe hoy mismo. Todo de golpe. Pero si eres humano y vas a estar mirando la aplicación del bróker cada cinco minutos sufriendo por cada euro que baja, haz DCA y vive tranquilo de una vez. Vive tranquilo.

    Y ya te digo que todo esto te lo comento como una opinión personal de bar para que veas cómo funciona el tema. Que nadie tome esto como un consejo de inversión con su dinero.

  • Protección contra la inflación

    Mira. Tú dejas mil euros en tu cuenta corriente hoy mismo. Dentro de diez años entras a mirar la cuenta en el móvil y vas a seguir teniendo exactamente mil euros. Cien por cien seguro. El problema gigante es que con esos mil euros dentro de diez años no te compras ni la mitad de cosas que te compras hoy en el supermercado de tu barrio. Nada. Pierdes poder adquisitivo cada puñetero día que pasa porque los precios de todo suben y tu dinero sigue siendo exactamente el mismo trozo de papel. Pierdes dinero. Literalmente pierdes dinero por no hacer nada con él.

    Para frenar esta sangría constante la gente usa fondos cotizados o ETFs. Hay tres opciones muy concretas para intentar que la inflación de los precios no te coma vivo. Tres opciones.

    Los bonos raros del gobierno

    Normalmente tú le prestas dinero a un gobierno y te pagan un interés fijo y punto. Bueno, pues resulta que hay unos bonos especiales del estado que ajustan lo que te pagan dependiendo de lo que suba el coste de la vida real. Si la inflación se dispara muchísimo de golpe porque pasa algo en el mundo, estos bonos te pagan más cantidad de dinero de golpe para compensar esa subida brutal de los precios. Se llaman bonos ligados a la inflación. En vez de buscar y comprar estos bonos uno por uno tú solo, puedes comprar un ETF que esté lleno de ellos. Automático. Te cubres las espaldas bastante bien sin dolores de cabeza.

    El oro y las cosas que se tocan

    Cuando el dinero del banco pierde valor porque los políticos no paran de imprimir billetes nuevos sin sentido, la gente se asusta muchísimo. Se asusta y corre desesperada a comprar cosas reales que se puedan tocar con las manos. Cosas físicas de verdad. Oro. Plata. Barriles de petróleo. Si tú compras un ETF de materias primas estás metiendo tu dinero ahí mismo de rebote. Lo bueno del oro es que históricamente siempre ha aguantado el tipo perfectamente cuando la inflación se vuelve una locura. Aguanta el tipo siempre. Y lo mejor es que no tienes que comprar lingotes pesados y esconderlos debajo del colchón de tu cama. Compras el ETF en un segundo y te olvidas.

    Las empresas que te suben la factura a ti

    Piensa un segundo en esto. Si a una empresa gigante de alimentación le cuesta mucho más dinero fabricar un paquete de galletas por culpa de la inflación general, ¿qué hace esa empresa? Pues te sube el precio del paquete de galletas a ti en el súper. Te lo sube. Ellos no pierden casi nunca. Traspasan todo su problema al consumidor final directamente. Por eso tener un buen ETF de bolsa mundial lleno de empresas gigantes de toda la vida suele ser la mejor defensa que existe a largo plazo. Las empresas buenas y grandes siempre van a ganar dinero pase lo que pase con la inflación porque el sobrecoste lo acabamos pagando nosotros. Siempre.

    Dejar la pasta parada en el banco es un suicidio lento. Un suicidio. Tienes que moverlo.

    Que oye, te cuento todo esto como una charla cualquiera para que entiendas cómo se protege la gente normal de la calle. No te vayas a pensar que soy un asesor del banco ni que tienes que hacer exactamente lo que yo te diga con tus ahorros de toda la vida.

  • Inversión en dividendos crecientes (DGI)

    Hay una cosa que a todo el mundo le vuelve loco de la bolsa y es ver cómo te ingresan dinero en la cuenta sin hacer absolutamente nada. Magia pura. Pero ojo. No todos los dividendos valen. Y aquí es donde entra el famoso DGI, que significa Dividend Growth Investing. O lo que es lo mismo hablando en cristiano: invertir en dividendos que no paran de crecer.

    La idea es súper simple. Súper simple.

    Tú no buscas empresas raras que te paguen un 10% de rentabilidad hoy porque están desesperadas y probablemente vayan a quebrar mañana por la mañana. Eso es una trampa de manual. Caza bobos. Lo que tú buscas son empresas aburridísimas. Aburridas a más no poder. Empresas que a lo mejor hoy te pagan un mísero 2% o 3%, pero que llevan veinticinco años seguidos subiendo ese pago. Veinticinco años. Llueva, nieve, haya una crisis financiera mundial o una pandemia. Les da exactamente igual porque venden cosas que la gente necesita sí o sí.

    Piensa en Coca-Cola. Piensa en Johnson & Johnson o en Procter & Gamble. Cosas que compras en el súper todos los malditos días de tu vida. Esta gente factura una locura y cada año, sin falta, deciden repartir un poquito más de dinero a sus accionistas.

    La bola de nieve

    Y aquí está la gracia de todo el sistema. La magia de verdad. Si tú cobras ese dinero y te lo gastas el fin de semana en cervezas, mal vamos. Muy mal. La estrategia DGI consiste en coger esos dividendos que te ingresan y volver a comprar más acciones de esa misma empresa. Entonces claro, al año siguiente la empresa te sube el dividendo y tú encima tienes más acciones que antes. Cobras más. Vuelves a comprar. Y cobras más.

    Es una bola de nieve gigante que baja por la montaña y se hace imparable con el paso de los años. Imparable. Llega un momento en que el dinero que pusiste al principio te está rentando un 10% o un 15% anual solo en dividendos porque llevas décadas acumulando subidas.

    El problemón de Hacienda

    Pero a ver. No todo es un camino de rosas. El problema gordo de esta estrategia tiene nombre y se llama Agencia Tributaria. Hacienda.

    Cada puñetera vez que una de estas empresas te paga tu dividendo, el estado pasa la mano por delante y te quita un 19% o un 21%. Te lo quitan antes de que lo puedas reinvertir. Y eso escuece muchísimo porque frena tu bola de nieve. Por eso hay tantísima gente peleándose en foros de internet, unos diciendo que el DGI es lo mejor del mundo para vivir de las rentas y otros diciendo que es un suicidio fiscal y que es mejor usar fondos que acumulen el dinero en secreto sin pagar impuestos.

    Al final, el DGI es para gente con muchísima paciencia. Muchísima. Si quieres pegar un pelotazo con tecnología y forrarte en dos meses, olvídate. Esto no es para ti. Pero si lo que quieres es dormir a pierna suelta sabiendo que, caiga lo que caiga la bolsa en la tele, a ti te van a ingresar tu dinero sagrado todos los meses… pues es una gozada.

  • S&P 500 vs. Nasdaq 100

    El gran dilema. Tienes unos ahorrillos y quieres invertirlos en Estados Unidos porque es lo que hace todo el mundo. Todo el mundo mete la pasta en Estados Unidos. Y entonces te topas contra un muro enorme lleno de siglas. S&P 500 por un lado. Nasdaq 100 por el otro. ¿Qué narices es cada cosa y dónde pongo la pasta?

    El S&P 500 (la vieja confiable)

    A ver. Esto es la economía americana en bloque. Así de simple. Son las quinientas empresas más grandes del país metidas todas juntas en un mismo saco enorme. Quinientas. Tienes tecnología, sí. Pero también tienes a los bancos, a las farmacéuticas, a las petroleras y a los que te venden la pasta de dientes. Tienes de todo. Esto significa que es un fondo súper estable y súper tranquilo para tu dinero. Si la tecnología pincha un año entero, pues a lo mejor los bancos ganan una barbaridad de pasta ese mismo año y te compensan la caída. Te compensan. Es el rey indiscutible de la bolsa. El rey. La gente mete el dinero aquí para no pensar nunca más en él.

    El Nasdaq 100 (la montaña rusa)

    El Nasdaq es otra historia completamente distinta. Otra historia. Aquí cogen a cien empresas. Solo cien. Y encima quitan a todos los bancos por norma para que no estorben. Fuera bancos. ¿Qué te queda entonces? Pues te queda tecnología a punta de pala. Tecnología a lo bestia. Tienes a Apple, tienes a Microsoft, tienes a Google y a Nvidia copando casi todo el índice. Cuando la economía va como un tiro, el Nasdaq 100 vuela. Vuela y destroza al S&P 500 sin despeinarse ganando muchísimo más dinero. Muchísimo más.

    Pero muchísimo cuidado con esto. Cuidado. Porque claro, al estar todo tu dinero concentrado en tecnología pura y dura, el día que hay un problema con los microchips a nivel mundial tu cartera se va al mismísimo pozo. Al pozo directamente. Te comes unas caídas brutales que te quitan el sueño por las noches. Te lo quitan fijo.

    ¿Con cuál te quedas?

    Pues mira, depende totalmente de tu estómago. Literalmente de tu estómago. Si no soportas ver tu dinero en rojo sangre durante meses y te pones nervioso rápido, vete al S&P 500 de cabeza. De cabeza. Es lo sensato. Diversificas en todos los sectores y duermes como un bebé.

    Si te da exactamente igual comerte una caída del treinta por ciento porque confías a muerte en que la inteligencia artificial va a dominar el mundo entero en diez años, pues le metes al Nasdaq 100 a tope. A tope. También puedes hacer lo que hace la mayoría. Meter la parte gorda de los ahorros al S&P 500 para estar tranquilos y luego un pellizquito suelto al Nasdaq para darle un poco de vidilla al tema. Un poco de vidilla.

    Y lo de siempre con esto. Que esto es una charla de bar entre tú y yo. Que quede muy claro que yo no soy tu asesor financiero y con tu dinero haces lo que tú veas conveniente.

  • El despertar de India y el peso de China

    A ver, el tema de los mercados emergentes. Llevamos años y años escuchando la misma cantinela de que el futuro absoluto está en Asia y de que hay que meter parte de los ahorros ahí porque van a crecer una barbaridad. Una barbaridad. Entonces vas tú al bróker y compras el típico ETF del MSCI Emerging Markets para no calentarte la cabeza y tener un poco de todo. Lo compras y te olvidas. Error. O bueno, igual no es un error gigante, pero desde luego no tienes ni idea de lo que llevas metido dentro de ese fondo. Ni idea.

    El peso muerto de China El problema enorme de comprar todo el paquete de emergentes de golpe es que te comes a China con patatas. Con patatas. China pesa muchísimo dentro de ese índice general. Muchísimo. Y el problema de China ahora mismo es que no levanta cabeza por culpa del sector inmobiliario y porque el gobierno se mete en absolutamente todo y te cambia las reglas del juego de un día para otro sin avisar a nadie. De repente prohíben una cosa en un sector que iba genial y el valor de las empresas de ese sector se va por el desagüe. Literalmente por el desagüe. Entonces claro, tienes un fondo que en teoría iba a subir como un cohete y resulta que lleva años arrastrándose por el suelo porque el peso muerto de la economía china lo tira todo para abajo sin remedio. Todo.

    La locura por India Y luego miras a la derecha y ves a India. India es la locura ahora mismo en los mercados. Tienen a millones y millones de jóvenes consumiendo tecnología y creando empresas a un ritmo que da miedo. Da verdadero miedo. Porque claro, tú te pones a leer noticias y ves que en India están construyendo fábricas nuevas todos los días y que la gente joven está comprando teléfonos y abriendo cuentas en el banco sin parar y piensas que ahí es donde hay que meter la pasta sí o sí para forrarse de aquí a diez años. Si miras los gráficos de los ETFs que invierten única y exclusivamente en India, ves que llevan una racha espectacular subiendo sin parar mientras China se hunde en la miseria. Espectacular. Viendo esto de frente, lo normal es que te entren unas ganas locas de vender el fondo de emergentes aburrido y meter todos tus euros directamente en un fondo de India.

    El bofetón de realidad Aquí viene el bofetón de realidad de jugártelo todo a una carta. El bofetón. Apostar todo tu dinero a un solo país emergente es jugártela muchísimo. Muchísimo. Que sí, que India pinta genial hoy. Pinta increíble. Pero mañana cambian de gobierno o tienen una crisis de deuda bestial o se pelean con el país de al lado y la bolsa de India se pega un batacazo del cuarenta por ciento en una semana y tú te lo comes entero. Enterito.

    Comprar el índice de emergentes global entero es súper aburrido y te tienes que tragar a China te guste o no te guste. Eso es así. Pero a cambio tienes empresas de Taiwán haciendo microchips, tienes empresas de Brasil vendiendo materias primas, tienes cosas de Corea del Sur y tienes a la propia India metida ahí dentro también equilibrando la balanza. Si un país concreto revienta por los aires, los otros te salvan los muebles. Te salvan.

    Al final todo esto es cuestión de lo que aguante tu estómago. Lo de siempre. Si no te importa asumir un riesgo salvaje y crees de verdad que India va a comerse el mundo entero, pues compras el ETF de India y cruzas los dedos fuerte. Muy fuerte. Si prefieres dormir tranquilo por las noches sin mirar las noticias del continente asiático cada cinco minutos, pillas el índice global, te tapas la nariz con lo de China y a correr.

    Por cierto, esto te lo digo como opinión mía por charlar un rato, que yo no le digo a nadie dónde tiene que poner sus euros.

  • Europa bajo la lupa (Euro Stoxx 50 vs. MSCI Europe)

    Llevamos años dando por muerta a Europa. Todos mirando a Estados Unidos con los ojos brillantes por culpa de la inteligencia artificial. Normal. Es lo lógico. Si miras las noticias de la bolsa a diario, parece que fuera de California no hay absolutamente nada que valga la pena comprar. Pero espera un momento. Europa sigue viva. Tiene bolsos carísimos, pastillas para el dolor de cabeza, fábricas de coches y bancos. Muchos bancos. Cosas súper aburridas que dan dinero a espuertas todos los días.

    Y cuando quieres comprar Europa de golpe, te encuentras con dos opciones gigantes que la gente confunde todo el rato.

    El club VIP cerrado (Euro Stoxx 50)

    Si pones tu pasta en un ETF del Euro Stoxx 50 estás comprando a las cincuenta empresas más gordas de los países que usan el euro. Cincuenta. Solo cincuenta. Y ojo con esto porque te dejas fuera a monstruos gigantescos de la economía. Dejas fuera a los suizos con sus farmacéuticas y dejas fuera a los ingleses por completo. Lo que tienes aquí dentro es lujo a punta de pala con los franceses vendiendo bolsos a precio de oro en Asia, tienes bancos tradicionales y tienes empresas industriales de las de toda la vida. Todo muy concentrado. Muy concentrado en las mismas cosas.

    El cajón inmenso (MSCI Europe)

    Luego tienes el MSCI Europe. Esto es otra historia. Otra historia completamente distinta. Aquí meten a cientos y cientos de empresas de un montón de países diferentes y les da exactamente igual la moneda que usen para pagar sus facturas a fin de mes. Entran las empresas suizas gigantes como Roche o Novartis que facturan una salvajada. Entran las petroleras de Londres. Entra Nestlé. Es una cesta gigantesca que reparte el riesgo muchísimo mejor para que no dependas únicamente de que a cuatro bancos alemanes o tres marcas de ropa francesas les vaya bien el año que viene.

    ¿Tiene sentido comprar Europa hoy?

    ¿Por qué narices querría alguien meter su dinero en el viejo continente cuando los americanos tienen a Microsoft y a Nvidia imprimiendo billetes por segundo? Pues por una cosa muy tonta que a la gente se le olvida. El precio. Literalmente el precio.

    Europa ahora mismo está baratísima si la comparas con la locura total que cuestan las acciones ahora mismo en Wall Street. Baratísima. Todo el mundo quiere tecnología americana y por eso la pagan a precio de oro, dejando a las empresas europeas tiradas de precio porque nadie les hace caso. Nadie las quiere. Y encima aquí en Europa hay una cultura bestial de pagar dividendos al accionista. Te pagan un buen pico todos los puñeteros años en efectivo constante y sonante en tu cuenta solo por tener las acciones ahí guardadas muertas de risa.

    Al final es cuestión de no jugártelo absolutamente todo a la misma carta. Todo el mundo sabe que la tecnología de Estados Unidos tira del carro del mundo hoy. Eso está clarísimo. Clarísimo. Pero tener una parte de tus ahorros metida en Europa comprando empresas pesadas y aburridas que fabrican las cosas reales que usamos todos los santos días… pues oye, te salva la cartera el día que a Silicon Valley le da un resfriado y la tecnología se desploma de golpe.

  • El poder de las Small Caps

    Piensa un segundo en Apple. O en Microsoft. Son monstruos. Monstruos gigantes. Es matemáticamente imposible que Microsoft doble su tamaño de aquí al año que viene. Imposible. No hay suficientes humanos en el planeta para comprarles el doble de cosas porque ya lo han abarcado todo. Ya no tienen margen.

    Pero una empresa enana que acaba de inventar un software nuevo para organizar talleres mecánicos… esa sí. Esa empresa puede multiplicar su valor por cinco en dos años. Así de fácil. Tienen todo el mercado por delante para crecer y expandirse.

    A esto los tíos de traje y corbata lo llaman «prima de tamaño». Los datos de los últimos cien años dicen que las empresas pequeñas ganan más dinero a largo plazo que las gigantes. Ganan bastante más. Corren más rápido.

    El bofetón de los tipos de interés

    Aunque ojo con esto. Ahora mismo las empresas pequeñas están sufriendo una barbaridad. Una barbaridad. Y la culpa la tiene el precio del dinero.

    Una empresa gigantesca tiene montañas de dinero en efectivo metidas en el banco. No necesita pedirle prestado un euro absolutamente a nadie para sobrevivir. Pero una empresa pequeña necesita endeudarse muchísimo para poder crecer rápido. Necesita pedir dinero prestado constantemente.

    Cuando los bancos centrales suben los tipos de interés a lo bestia, pedir dinero prestado se vuelve carísimo. Carísimo. Entonces estas empresas pequeñas se ahogan pagando los intereses diarios de sus préstamos y sus beneficios desaparecen por el desagüe. Literalmente por el desagüe. Por eso llevan un par de años arrastrándose por el suelo mientras las empresas tecnológicas grandes vuelan.

    Russell 2000 contra el mundo

    Vale, supongamos que te convence la idea y quieres comprar chicharros de estos. Tienes dos opciones gordas en formato ETF.

    La primera es el Russell 2000. El famosísimo índice americano. Compra dos mil empresas pequeñas de Estados Unidos de golpe. ¿El problema gigante que tiene esto? Que está plagado de empresas zombis. Plagado. Como allí es facilísimo salir a bolsa, el índice está lleno de empresas basura que no ganan un duro y que solo sobreviven pidiendo más y más deuda nueva. Mucha basura.

    La segunda opción es el MSCI World Small Cap. Este es global de verdad. Coge las empresas pequeñas de Estados Unidos, sí, pero también mete a las de Europa y a las de Japón. Te llevas más de cuatro mil empresas de todo el mundo. Es muchísimo más aburrido. Mucho más seguro. Al coger cosas de tantos países distintos, diluyes bastante la cantidad de empresas zombis ruinosas que te comes. Diluyes el riesgo muchísimo.

    Para mí, el global le da mil vueltas al Russell americano para dormir tranquilo. Mil vueltas.

    Y bueno, ya sabes cómo va esto. Que te lo cuento como una charla cualquiera para que entiendas la mecánica, que yo no le digo a nadie dónde tiene que meter su dinero.

  • Bienes Raíces y Sector Inmobiliario (REITs)

    Todo el mundo quiere vivir de las rentas en este país. Comprar un pisito y alquilarlo. El sueño de siempre. El problema gigantesco de hacer eso es que necesitas tener muchísima pasta ahorrada en el banco solo para pagar la entrada de la hipoteca, los impuestos y al notario. Muchísima pasta. Y luego si un día necesitas ese dinero de urgencia porque te ha pasado algo malo, pues buena suerte intentando vender el piso en dos días para recuperar tus ahorros. Te quedas atrapado ahí. Atrapado.

    Pues para evitar todo este circo existen los REITs.

    Básicamente son empresas gigantescas que se dedican a comprar inmuebles a lo bestia para luego alquilarlos y ganar dinero. Lo bueno que tiene el invento es que por ley están obligadas a repartir casi todos los beneficios que sacan de esos alquileres entre la gente que tiene acciones de la empresa. Te caen los alquileres directamente en tu cuenta corriente. Y lo mejor es que te caen sin que tengas que ir tú a arreglarle la lavadora rota al inquilino un domingo por la tarde. Cero dolores de cabeza.

    Y el tema no acaba en pisitos de barrio. Qué va. Cuando tú metes dinero en los REITs estás comprando trozos de cosas que tú solo jamás en la vida podrías comprar. Jamás de los jamases. Hablo de ser dueño de naves logísticas kilométricas donde Amazon guarda sus cajas. Hablo de centros de datos gigantescos llenos de cables donde se guarda el internet entero. Centros comerciales enormes. Hospitales. Residencias de ancianos en Estados Unidos o en Japón. Todo eso.

    Claro, si compras acciones de un solo REIT y justo esa empresa se va a la quiebra porque lo gestionan fatal, te hundes con ellos. Te vas a pique. Por eso la gente lo que hace es comprar directamente un ETF de REITs.

    Compras el ETF y de un plumazo el fondo mete tu dinero en cientos de estas empresas inmobiliarias por todo el mundo a la vez. Cientos. Metes cien euros y automáticamente tienes tus ahorros metidos en el ladrillo puro y duro de medio planeta. Ladrillo. Pero con la ventaja bestial de que si el martes que viene necesitas tus euros de vuelta para pagar el seguro del coche, abres el móvil, le das al botón de vender y tienes el dinero en la mano al segundo. Liquidez total y absoluta sin pasar por la inmobiliaria.

    En fin, que es otra manera de meterse en el sector inmobiliario sin tener que firmar una hipoteca a treinta años con el banco. Y lo que te digo siempre. Que esto te lo suelto como una charla de bar para que veas que hay más mundo ahí fuera, no te vayas a pensar que soy tu asesor financiero porque no lo soy.

  • Materias primas y oro (ETCs)

    A ver. Pasa una cosa con la bolsa normal. Cuando la bolsa se hunde y entra el pánico absoluto en el telediario, todas tus acciones se van al pozo a la vez. Todas. Y ahí es cuando la gente se acuerda de repente de las materias primas para intentar salvar los muebles y no perder hasta la camisa.

    Pero claro, aquí hay un problema legal gordo. En Europa tú no puedes montar un ETF normal que solo tenga un único activo dentro por temas de leyes y regulaciones aburridas que no le importan a nadie. No puedes. Así que se inventaron los ETCs que en inglés significa Exchange Traded Commodities. Suena súper técnico pero en realidad es un chanchullo legal buenísimo para que tú puedas comprar materias primas desde tu casa sin complicaciones raras y sin tener que alquilar una caja fuerte en el banco de tu barrio.

    El tema del oro físico

    Si tú quieres comprar oro tienes los ETCs de oro físico. Físico. Esto significa que cuando tú pones mil euros en la pantalla del móvil, hay un señor en una bóveda enorme en Londres o en Suiza que va y compra mil euros de oro real y lo guarda ahí a buen recaudo. Oro de verdad que se puede tocar. Es comodísimo porque tienes la seguridad total de que el oro está ahí guardado físicamente pero tú lo puedes vender haciendo un simple clic un martes por la tarde mientras te tomas un café. Comodísimo.

    Petróleo, uranio y la locura de los contratos

    Luego está la otra cara de la moneda. Imagínate por un segundo que tú quieres invertir en petróleo porque crees que va a subir muchísimo de precio el mes que viene. Pues el ETC de petróleo no compra barriles reales de petróleo porque a ver dónde narices meten físicamente un millón de barriles de petróleo apestoso para guardártelos a ti. Ni de broma. Ni de broma hacen eso. Lo que hacen es comprar unos contratos financieros súper complejos que se llaman futuros que apuestan a lo que va a valer el petróleo mañana, lo cual es un lío tremendo que a veces te hace perder muchísimo dinero sin que te enteres por culpa de cómo los gestores tienen que ir renovando esos malditos contratos todos los puñeteros meses. Mucho cuidado con eso. Mucho cuidado.

    Ir a tu rollo completamente

    La gracia de meter cosas como el oro o cestas enormes de materias primas variadas en tu cartera es que van a su bola por completo. Van a su bola. Si las empresas de tecnología se hunden porque hay una crisis económica brutal en Estados Unidos y la gente deja de comprar móviles, al precio del uranio le da exactamente igual todo eso porque el uranio depende de si de repente China decide construir doscientas centrales nucleares nuevas mañana por la mañana.

    Total, que sirven como un seguro de coche. Lo tienes ahí metido por si acaso todo lo demás revienta por los aires.

    Y te lo digo como siempre, que esto es una charla nuestra y yo te cuento lo que hay hablando en plata para que nos entendamos. Ni se te ocurra tomarte esto como un consejo del banco para meter tu pasta a lo loco.

  • Fiscalidad de los ETFs en Europa

    A todo el mundo se le olvida el socio que nunca falla. Hacienda. Tú te pasas meses estudiando qué ETF comprar para ganarte unos euros y cuando por fin vendes y ves el dinero en verde en la pantalla, llega el Estado y te mete un hachazo. Te mete un hachazo tremendo. Y da igual el país de Europa en el que vivas porque todos los gobiernos funcionan exactamente igual con este tema de rascar de donde puedan. Quieren su parte.

    Vamos primero con los dividendos que es lo que más le gusta a la gente por el tema de los ingresos pasivos. Ver dinero entrar en la cuenta mola. Mola muchísimo. Si tienes un ETF de los que reparten el dinero que ganan las empresas, que son los ETFs de distribución, te van a cobrar impuestos cada puñetera vez que te hagan un ingreso en el banco. Cada vez. Y claro, si te quitan un 19% o un 21% o lo que sea que cobren en tu país cada trimestre pues ese dinero ya no lo puedes volver a invertir para que siga creciendo haciendo el efecto bola de nieve. Lo has perdido para siempre. Por eso la inmensa mayoría de la gente que invierte a largo plazo se va de cabeza a los ETFs de acumulación. De cabeza. En los de acumulación el fondo coge tus dividendos y los vuelve a meter para comprar más acciones por dentro sin que el dinero pase por tu cuenta bancaria y sin que Hacienda lo vea pasar, así que no pagas ni un solo céntimo de impuestos por esos dividendos hasta el ultimísimo día en el que decidas venderlo todo. Magia pura.

    Luego está el tema de cuando vendes de una vez. Si tú compraste por mil y vendes por mil quinientos, pues has ganado quinientos euros limpios. Bueno, limpios no. Sobre esos quinientos euros de beneficio exclusivo vas a tener que pagar el impuesto de las rentas del ahorro. El porcentaje exacto depende de dónde vivas y de cuánto hayas ganado en total ese año, pero ve asumiendo que casi una quinta parte de lo que has sudado para ganar se va a ir para las arcas del estado de forma automática nada más darle al botón.

    Y aquí viene el drama de los ETFs comparados con los fondos de inversión normales en la mayoría de países europeos como España. El drama total. Tú puedes coger un fondo de inversión de toda la vida y pasarlo a otro fondo distinto sin pagar impuestos por el camino haciendo un simple traspaso. Con los ETFs no puedes hacer eso ni de broma. Si te cansas de tu ETF del S&P 500 y quieres meter el dinero en uno de Europa porque crees que va a ir mejor, tienes que vender por narices. Tienes que vender. Y en el mismo segundo en el que le das al botón de vender para cambiar de aires, Hacienda te pasa la factura por las ganancias que hayas tenido hasta ese momento. Pagar por mover tu propio dinero de un sitio a otro.

  • Fiscalidad de los ETFs en Estados Unidos

    Todo el mundo habla maravillas de comprar acciones en Wall Street pero nadie te cuenta el bofetón que te da el Tío Sam cuando quieres sacar tu dinero de ahí. El IRS no perdona a nadie. A nadie. Y con los ETFs en Estados Unidos la película tiene muchísima tela porque las reglas cambian totalmente dependiendo de cuánto tiempo aguantes sin tocar el botón de vender en tu aplicación.

    El reloj es tu mejor amigo

    Imagínate que compras un ETF hoy y lo vendes dentro de seis meses ganando mil dólares limpios. Pues el gobierno americano te cruje. Te cruje vivo. Eso lo llaman ganancias a corto plazo y te cobran impuestos exactamente igual que si ese dinero te lo pagaran en la nómina normal de tu trabajo. Te pueden quitar un pico gigantesco dependiendo de tu sueldo total. Un desastre.

    Pero la trampa legal está en tener un poco de paciencia. Tienes que aguantar un año entero. Si aguantas un año entero y un solo día más con el ETF en tu cuenta antes de venderlo, la cosa cambia por completo. Por completo. Pasas a tener ganancias a largo plazo y ahí los impuestos bajan muchísimo. Muchísimo. Te cobran un 15% o un 20% tirando por lo alto, e incluso hay gente que no paga absolutamente nada de impuestos por esas ganancias si su sueldo normal es bajito.

    El lío de los dividendos

    Luego tienes el tema de cuando el ETF te reparte beneficios. Los famosos dividendos. Aquí también hay clases y tienes que tener cuidado. Si son dividendos ordinarios de toda la vida, pagas los impuestos caros de tu nómina. Tal cual. Pero si la empresa cumple unos requisitos concretos del gobierno y tú llevas un tiempo con el ETF guardado, se convierten en dividendos cualificados. Y ahí vuelves a pagar el impuesto barato del 15% que te ahorra muchísimo dinero al final del año. Muchísimo dinero.

    El truco mágico de los ETFs americanos

    Pero te voy a contar el secreto real de por qué en Estados Unidos todo el mundo usa ETFs y la gente huye de los fondos de inversión tradicionales. El secreto real.

    Los ETFs tienen un mecanismo súper raro por dentro que les permite cambiar unas acciones por otras sin tener que venderlas de verdad en el mercado. Magia pura. Como no las venden oficialmente, no generan ganancias de capital. Y como no generan ganancias, a final de año no te llega una carta sorpresiva de Hacienda diciéndote que tienes que pagar impuestos de tu bolsillo por cosas rarísimas que ha hecho el gestor del fondo por dentro sin preguntarte absolutamente nada. Eso en un fondo americano tradicional te hunde vivo porque pagas impuestos por ganancias que ni siquiera has cobrado tú. Con el ETF tu dinero crece tranquilo y tú solo le rindes cuentas al gobierno el ultimísimo día que decides venderlo todo y marcharte.

    En fin. Que el sistema está montado a propósito para que dejes la plata quieta mucho tiempo. Mucho tiempo.

    Y que quede claro que te cuento esto como una charla de colegas tomándonos un café en la barra de un bar. No te vayas a pensar que soy tu contable ni un experto fiscal americano, que con los impuestos cada persona es un mundo distinto.

  • El peligro de los ETFs Apalancados e Inversos

    Que levante la mano el que no haya visto un ETF apalancado x3 y haya pensado que se iba a forrar en un par de días. Todos lo hemos hecho. Todos. Ves que el mercado normal sube un mísero uno por ciento y tu cuenta sube un tres por ciento de golpe. Magia. O eso te crees tú al principio. Porque la cruda realidad es que te van a pelar la cuenta entera como los aguantes más de unas pocas semanas.

    El truco sucio que casi nadie te cuenta de estos cacharros es que se reinician cada día. Cada maldito día. El objetivo que tienen de darte el doble o el triple de rentabilidad funciona única y exclusivamente para el mercado de ese día en concreto. Desde que abre la bolsa hasta que cierra y punto. Si los dejas ahí guardados a largo plazo te vas a comer el decaimiento de la volatilidad con patatas.

    Vamos a echar unos números rápidos de barra de bar que es como se entienden estas cosas.

    Tienes cien pavos. Cien euros clavados metidos en tu ETF x3. Imagínate que un martes el mercado normal tiene un día horrible y cae un diez por ciento de golpe. Pues tu fondo apalancado se pega un guantazo monumental del treinta por ciento. Te quedas con setenta euros en la pantalla. Setenta.

    Al día siguiente sale el sol en las noticias. El mercado normal sube un poco más de un once por ciento para recuperar exactamente lo que perdió el día anterior y quedarse a pre. Vuelve a la casilla de salida como si no hubiera pasado absolutamente nada. ¿Y qué pasa con tu dinero? Pues que tu ETF sube el triple, claro que sí. Sube un treinta y tres por ciento. Pero un treinta y tres por ciento de los setenta euros que te quedaban son veintitrés pavos de ganancia. Sumas los dos y acabas con noventa y tres euros totales en la cuenta.

    El mercado general no se ha movido del sitio en dos días enteros y tú acabas de palmar siete euros por toda la cara. Siete euros menos. Por estar quieto.

    Esta picadora de carne constante funciona exactamente igual para los ETFs inversos que la gente usa para apostar a que la economía se va al garete. Cuando la bolsa va dando botes para arriba y para abajo, que por cierto es lo que hace casi siempre, este efecto matemático asqueroso te va limando el capital. Te lo va limando poco a poco. Pasa el tiempo y de repente resulta que el índice principal está en el mismo sitio que estaba hace seis meses pero tú has perdido la mitad de tus ahorros por el camino.

    Para jugar un rato un día suelto que tienes clarísimo que la bolsa va a volar o se va a estrellar, vale. Para hacer el cafre un rato sirven. Pero coger tu pasta y meterla en un apalancado para olvidarte de ella diez años pensando en comprarte una casa es un suicidio. Un suicidio. Te vas a quedar a cero rapidísimo. Huye de estas cosas si vas a largo plazo. Huye.

  • Flash Crashes y Liquidez

    A ver. Imagina esto por un segundo. Abres la aplicación del bróker un martes cualquiera. Todo rojo. Sangre por todas partes. La tele diciendo que la economía se va al hoyo. Entras en un pánico brutal. Quieres vender ya mismo. Y tu vecino también. Todo el mundo quiere vender exactamente a la misma vez para salvar lo que queda.

    Y claro, tú te crees que como te vendieron la moto de que los ETFs son súper líquidos y facilísimos de vender, pues le das al botoncito rojo y ya tienes tu dinero a salvo en la cuenta para calmarte. Pues no. No funciona así. No funciona así ni de broma.

    ¿Quién te compra cuando todos venden?

    Para que tú vendas algo, alguien tiene que querer comprarlo. Lógica pura. Lógica de toda la vida. Normalmente hay unas empresas inmensas, los famosos creadores de mercado, que están ahí siempre. Siempre están. Hacen de colchón y te compran tus acciones aunque los demás inversores de la calle no las quieran. Se forran haciendo de intermediarios.

    Pero el problema gordísimo viene cuando hay un flash crash. Un desplome bestial y loquísimo en cuestión de minutos.

    ¿Qué hacen estas empresas gigantes cuando ven que el mercado entero se va por el retrete a toda velocidad y nadie sabe cuánto valen las cosas realmente porque los precios cambian cada milésima de segundo? Pues apagan las máquinas. Las apagan del tirón. Literalmente desconectan sus ordenadores y se quitan del medio para no perder cientos de millones. Se esconden debajo de la mesa.

    El agujero negro

    Y ahí es cuando te quedas tú solo con tu ETF. Solo ante el peligro.

    Como los grandes se han ido y nadie quiere comprar nada, de repente tu fondo cotizado se desconecta de la realidad. Pasa una cosa loquísima. A lo mejor las acciones reales de las empresas de tu ETF solo han caído un cinco por ciento. Vale. Pero el precio de tu ETF en tu pantalla marca un quince por ciento de caída. O un veinte. Cae muchísimo más porque los cuatro pringados que están vendiendo presas del terror aceptan cualquier precio de miseria con tal de huir. Venden a lo loco. Regalan su dinero.

    La diferencia entre el precio al que quieres vender y al que alguien te quiere comprar se hace gigantesca. Gigantesca.

    No hagas el tonto

    Estos cortocircuitos duran poquísimo. Minutos a veces. En cuanto pasa el susto inicial y se aclara el humo, los creadores de mercado vuelven a enchufar los ordenadores. Todo vuelve al sitio donde debería estar. Todo se ajusta.

    Si tú justo entraste en pánico y vendiste en mitad de ese agujero negro, te han desplumado. Desplumado vivo. Has regalado una parte de tus ahorros a un precio ridículo por culpa del miedo al ver los números rojos.

    La lección de esto es súper simple. Si la bolsa se vuelve loca de repente y la gente grita, cierra la dichosa aplicación. Ciérrala. Vete a dar un buen paseo y no toques absolutamente ningún botón hasta el día siguiente. Nada de nada.

  • El arte de no hacer nada

    Mira. Todo el mundo se cree que invertir en bolsa es como salir en una película de Wall Street gritando por teléfono y comprando y vendiendo acciones cada cinco minutos sin parar. Mentira. Si estás invirtiendo bien, te vas a aburrir. Te vas a aburrir muchísimo. Es más, si te estás divirtiendo con tu cartera de inversión, casi seguro que estás perdiendo dinero a espuertas o lo vas a perder muy pronto.

    La inversión indexada funciona precisamente por eso. Por el aburrimiento extremo. Tú compras tu fondo global, programas la transferencia automática a principios de mes para que el banco te quite el dinero antes de que te lo gastes en tonterías y te olvidas de que existe. Literalmente. No haces absolutamente nada más. Nada. Cero.

    Pero claro, aquí entra el factor humano que lo destroza absolutamente todo.

    Tienes la aplicación del bróker instalada en el bolsillo. El teléfono te manda notificaciones constantemente. Que si la bolsa ha subido hoy, que si se ha desplomado porque un político ha dicho no sé qué cosa en la tele, que si la inflación se dispara otra vez. Ruido. Todo es ruido. Y el cerebro está programado para reaccionar al ruido haciendo algo para protegerse del peligro. Te entra el pánico total. Y claro, te metes en internet y ves a un tipo cualquiera diciendo que ha ganado tres mil euros en una hora comprando y vendiendo cosas raras mientras tú llevas seis meses para ganarle un miserable dos por ciento a tus ahorros de toda la vida trabajando como un burro, y te entra una ansiedad brutal por darle al botón de vender y cambiar toda tu estrategia de golpe en ese mismo segundo.

    Ese es el momento exacto en el que la cagas. La cagas pero bien.

    Cada vez que tocas la cartera para cambiar un fondo por otro porque te has puesto nervioso por las noticias, pagas comisiones por un tubo. Pagas impuestos que te hunden. Pierdes el tren de las subidas fuertes que casi siempre vienen justo después de los pánicos más bestias del mercado. Pierdes dinero.

    ¿El mejor consejo para sobrevivir a esto? Borra la dichosa aplicación del móvil. Bórrala. Si no ves los números rojos bailando en la pantalla, el problema no existe. Cuando te entre el agobio de mirar cómo van los mercados, apaga el teléfono. Coge la bicicleta. Vete a dar una ruta bien larga por ahí, que en Madrid hay sitios de sobra para pedalear y desconectar al aire libre, y quítate la pantalla de la cabeza un par de días enteros.

    No tocar nada es durísimo psicologicamente. Durísimo. Pero es la única forma real de que la bola de nieve crezca a largo plazo sin que te sabotees a ti mismo por el camino.

  • El monopolio de los «Tres Grandes»

    Tú te compras tus acciones sueltas o tu fondo indexado y te acuestas por la noche creyendo que eres dueño de un trocito de Apple o de Microsoft. Mentira. Eres dueño del dinero, sí, pero el que tiene las llaves del chiringuito de verdad no eres tú. Si miras quién es el dueño mayoritario de casi cualquier empresa inmensa del planeta, siempre salen los mismos tres nombres repetidos hasta el aburrimiento. Siempre. BlackRock, Vanguard y State Street.

    Los famosos Tres Grandes.

    Y aquí viene el problema gordo de verdad. El problema que asusta a los que entienden cómo funciona este mundo por dentro. Cuando tú compras un ETF, pones tu pasta y asumes absolutamente todo el riesgo si la bolsa se va al pozo. Tú pones la cara para que te la partan. Pero las acciones legales están a nombre del fondo.

    ¿Qué significa esto? Pues que cuando hay que levantar la mano en las asambleas de esas empresas para decidir cosas importantísimas, votan ellos. Ellos deciden quién se sienta en la silla de director. Ellos deciden si una empresa compra a otra. Ellos deciden si la compañía tiene que gastarse millones en políticas de medio ambiente o no. Tienen un poder sobre la economía mundial que no tiene ningún gobierno ahora mismo. Ninguno. Para que te hagas una idea, entre los tres controlan más del veinte por ciento de los votos de casi todas las multinacionales de Estados Unidos. Una locura.

    Piensa un momento en la bestialidad que supone esto a nivel de monopolio silencioso.

    Resulta que BlackRock tiene un trozo gigante de Coca-Cola. Y a la vez tiene otro trozo gigante de Pepsi. Tienen a Ford y tienen a General Motors. Están en todas partes a la vez. Entonces claro, ¿tú te crees de verdad que van a querer que Coca-Cola y Pepsi se peleen a muerte bajando los precios para aplastarse mutuamente? Pues claro que no. Lo que quieren es que todos ganen muchísimo dinero sin pisarse la manguera para que sus fondos sigan subiendo como la espuma. Y el que se fastidia vivo eres tú cuando vas al súper y ves que todo está carísimo porque nadie compite de verdad.

    Últimamente los políticos se han empezado a oler la tostada. Llevan un tiempo quejándose porque dicen que estos tres gigantes mandan demasiado. Y a los de BlackRock y Vanguard les ha entrado un poco el miedo en el cuerpo. Les asusta que les metan una ley antimonopolio por la cara y les desmonten el negocio de los ETFs que les da miles de millones. Por eso andan inventando sistemas nuevos para que tú puedas votar con tus acciones desde el móvil y así lavarse ellos las manos. Para decir que la culpa de lo que votan no es suya, que es tuya.

    Total. Que el sistema está montado para que tú pongas el dinero y ellos tengan el botón rojo. Es lo que hay.

    Y que sepas que esto te lo cuento por hablar un rato de cómo funciona el tinglado por detrás, que quede claro que yo no le doy consejos de dinero a nadie.

  • ETFs de Gestión Activa

    Nos han vendido siempre la misma moto con este tema. Compras un ETF para copiar al mercado, te sientas a esperar y te mueres de aburrimiento durante veinte años. Aburrimiento total. Cero estrés. Pero de repente a los de Wall Street les pareció que eso era demasiado tranquilo para la gente y se sacaron de la manga los ETFs de gestión activa para meterle picante al asunto. Picante del bueno.

    La cosa funciona más o menos así. Tú tienes la carcasa externa de un ETF normal y corriente que puedes comprar o vender con el móvil a las cuatro de la tarde si te da el punto. Hasta ahí todo igual. La trampa está por dentro. Por dentro no hay un programa informático copiando a las quinientas empresas más grandes de Estados Unidos de forma automática y barata. Qué va. Hay un señor o una señora de traje con su equipo de veinte analistas decidiendo a mano qué empresa compran hoy y qué empresa venden mañana por la mañana para intentar sacar más rentabilidad que los demás. A mano todo.

    Y aquí es donde entra la locura absoluta de Cathie Wood. La locura total.

    Esta mujer montó ARK Invest y se hizo literalmente de oro durante la pandemia. De oro. Mientras los fondos tradicionales compraban bancos y supermercados aburridísimos, ella se dedicó a meter miles de millones de los inversores en Tesla, en cosas raras del espacio, en inteligencia artificial y en empresas de internet que perdían dinero a espuertas pero que prometían cambiar la historia de la humanidad en dos días. Y acertó de pleno en ese momento. Acertó. La gente de la calle veía que su ETF subía un ciento y pico por ciento en un solo año y se volvieron todos absolutamente locos metiendo los ahorros de su vida ahí sin pensar en las consecuencias.

    El problema de estos inventos es que te difuminan la línea por completo. Estás pagando unas comisiones muchísimo más altas que las de un ETF pasivo porque claro, hay que pagarle el sueldazo a la señora Cathie y a sus analistas estrella por estar todo el santo día mirando gráficos en la pantalla. Es un fondo de inversión carísimo de los de toda la vida pero que te lo venden camuflado con el traje de un producto moderno y ágil. Un camuflaje perfecto.

    Y claro, el riesgo es brutal. Brutal. Porque apostar a lo bestia por el futuro mola mucho cuando hay dinero gratis en la economía, pero cuando la inflación subió y se acabó la fiesta de la pandemia, el fondo estrella de ARK se pegó un bofetón histórico cayendo a plomo y muchísima gente que entró en el peor momento perdió hasta la camisa por avaricia pura y dura. Les limpiaron la cuenta.

    Al final estos cacharros sirven para jugar un poco. Si tienes el capricho de apostar parte de tu dinero a que los robots van a dominar el mundo y quieres que un supuesto experto te elija las acciones concretas, pues compras uno de estos y cruzas los dedos muy fuerte. Muy fuerte. Pero meter ahí el dinero gordo pensando que es un ETF seguro de los de siempre es jugar a la ruleta rusa.

  • Herramientas de Backtesting

    Todos hacemos lo mismo al principio. Te abres un Excel. Pones cuatro fondos que te suenan de haberlos visto en algún lado y te crees el lobo de Wall Street. Te crees un genio. Pero claro, el Excel aguanta todo lo que le eches. Todo. El papel no se queja jamás. Lo que de verdad te va a decir si tu idea es una maravilla o una absoluta basura es hacerle un backtest.

    Un backtest es meterte en una máquina del tiempo. Literalmente. Coges tu cartera inventada y la tiras de cabeza al año 2008 para ver qué habría pasado con tus ahorros cuando el mundo se fue al carajo por culpa de los bancos. ¿Hubieras aguantado el tirón o te hubieras quedado a cero? Para eso sirve. Para ver las cicatrices de tu cartera antes de meter ni un solo euro real.

    Y lo mejor es que no hay que pagar por hacer esto. Tienes un par de páginas gratis que son una maravilla.

    Portfolio Visualizer

    Esta es la mítica. La que usa todo el mundo. Entras en la web y parece sacada de los años noventa porque es fea como ella sola, pero hace pura magia. Metes los nombres de tus ETFs, le dices que tienes diez mil euros y le das al botón de simular. Te saca un gráfico espectacular con colorines. Te dice cuánto habrías ganado desde hace veinte años y, lo que es mil veces más importante, te dice cuál fue tu peor caída. El guantazo. Cuando veas que tu cartera súper segura llegó a perder un cuarenta por ciento de su valor en un solo mes igual te lo piensas dos veces antes de comprar nada. Igual te asustas de verdad.

    Backtest de Curvo

    Si inviertes desde Europa, esta es la tuya. La tuya. Porque claro, nosotros aquí compramos ETFs distintos por temas de leyes y en las webs americanas a veces no salen nuestros fondos. En la herramienta de Curvo metes el código rarísimo de tu fondo europeo aburrido y te hace la misma simulación exacta. Te escupe la rentabilidad histórica. Te calcula el riesgo. Todo súper mascadito y sin cobrarte un céntimo.

    La trampa del solitario

    Pero ojo con jugar a esto. Ojo. La gente se hace trampas al solitario constantemente. Constantemente.

    Te pones a jugar con la maquinita. Pruebas un fondo, ves que no da mucho dinero y lo cambias por un ETF de tecnología que justo subió muchísimo el año pasado. Vuelves a simular. Vuelve a salir un número gigante. Y al final te montas una cartera perfecta que en el pasado te habría hecho inmensamente rico. Lógico. Has mirado el periódico de ayer para apostar en las carreras de caballos. Has hecho trampa.

    Que algo haya subido como un misil en los últimos diez años no significa absolutamente nada para los próximos diez. Nada de nada. El backtest úsalo solo para mirar el riesgo. Úsalo para buscar las caídas feas y ver si tu estómago las aguanta. No lo uses para predecir el futuro porque te vas a estrellar con todo el equipo.

    Y oye, que ya nos conocemos. Todo esto te lo cuento de buen rollo para que trastees con los datos, no soy asesor de nadie y con tu dinero mandas tú.

  • Rebalanceo táctico: El secreto de los profesionales para maximizar ganancias mes a mes

    Tienes una cartera perfecta. Sesenta por ciento en bolsa. Cuarenta por ciento en bonos seguros. Pasa un año entero de locura en los mercados. La bolsa sube muchísimo. Sube una barbaridad. De repente miras tu cuenta y la bolsa ya no es el sesenta por ciento. Ahora es el ochenta. Te has pasado de frenada. Tienes muchísimo más riesgo del que querías al principio. Tienes un problema gordo.

    Aquí entra el rebalanceo. Consiste en hacer algo que duele. Duele físicamente en el cerebro. Tienes que coger lo que está ganando dinero a espuertas y vender un trozo. Cortar las ganancias. Coger esa pasta fresca y comprar lo que está hundido en la miseria para volver a tu sesenta cuarenta original. Comprar al perdedor.

    Suena a locura absoluta. Cortar las alas al que vuela para darle de comer al que se arrastra. Nadie quiere hacer eso de buenas a primeras. Nadie. El cerebro humano te pide hacer exactamente lo contrario. Te pide comprar más del que sube.

    La matemática pura es tozuda. Si haces esto, te obligas automáticamente a cumplir la regla de oro de la bolsa. Vendes caro. Compras barato. Obligado. Sin pensar si hay crisis o si hay euforia en la calle. Le quitas toda la emoción al asunto de un plumazo.

    Cuidado con la trampa del mes a mes. Tocar la cartera cada treinta días para ajustar un mísero uno por ciento es una ruina de comisiones. Una ruina absoluta. Te comen las tarifas del bróker. Te crujen los impuestos. Hacienda se frota las manos contigo cada final de mes.

    El ajuste táctico de verdad funciona por bandas de desviación. Tú decides que solo tocas los botones si la bolsa se pasa un cinco por ciento de tu plan original. Un cinco por ciento arriba o abajo. Si se mueve menos, te quedas quieto. Quieto total. Así a lo mejor tocas el fondo una vez al año. O ninguna. Te ahorras una fortuna en peajes dejándolo estar.

    Te lo suelto como siempre. Como una charla nuestra. Esto es lo que hacen los frikis de los números para rascar rentabilidad, no vayas a salir corriendo a vender tus cosas hoy mismo a lo loco.

  • TER vs. TCO: Por qué la comisión que ves no es la única que pagas

    Entras al bróker. Ves un ETF con un coste del 0,07%. Cero coma cero siete. Te parece un regalo. Piensas que es gratis. Compras sin mirar nada más.

    Te la acaban de colar.

    Ese porcentaje brillante del cartel es el TER. Los gastos corrientes. Básicamente es la nómina del gestor y el alquiler de su oficina. El precio del escaparate. El problema es que ese número no es la factura final. Ni de broma.

    Aquí entra el monstruo real. El TCO. El coste total de la fiesta.

    Piensa en los billetes de avión low cost. El vuelo marca veinte euros. Una ganga total. Llegas al mostrador y te clavan cincuenta por subir una mochila. Treinta por elegir el asiento. Diez por un triste café. El viaje barato te sale por más de cien euros.

    Con los fondos cotizados ocurre igual. Al TER famoso hay que sumarle la letra pequeña.

    Los peajes ocultos Primero tienes la horquilla. El spread. Es la diferencia entre comprar y vender en ese mismo instante. Si metes pasta en un ETF rarísimo de empresas pequeñas en Vietnam, esa diferencia es gigante. Empiezas perdiendo dinero nada más entrar.

    Luego vienen las tarifas de tu bróker. Su comisión por dejarte usar la aplicación para operar.

    Y por último tienes el ruido interno. Cuando el fondo compra y vende acciones por dentro para ajustarse al mercado, paga comisiones reales a otras personas. Esos gastos no están incluidos en el TER. Te los restan de tu rentabilidad por la puerta de atrás. Sin avisar a absolutamente nadie.

    Un fondo con un TER un pelín más alto puede salirte bastante más barato en la vida real si tiene mucha liquidez. No te ciegues jamás con el cartel luminoso.

    Y ya sabes. Te comento todo esto de buen rollo como siempre. No te vayas a tomar esta charla como asesoramiento profesional para tus cuentas del banco.

  • Tracking Difference y Tracking Error

    Compraste el S&P 500. Perfecto. Ves en las noticias que el índice ha subido un diez por ciento este año. Lógico. Abres tu cuenta del banco para verlo. Miras tu fondo. Y sorpresa. Tu fondo solo ha subido un nueve y medio.

    Falta dinero. Falta dinero ahí. ¿Dónde narices están mis euros?

    Pues se han esfumado por el camino. Esto pasa todos los días. Y para medir esta sangría la gente usa dos numeritos. Dos numeritos que casi nadie mira.

    La diferencia real (Tracking Difference)

    La diferencia de seguimiento. Es la cuenta de la vieja de toda la vida. Si el índice hace un diez y tu fondo hace un nueve, has perdido un uno por ciento. Así de simple. Así de doloroso.

    ¿Por qué pasa esto? Por los gastos. El gestor tiene que pagar la luz. Tiene que comprar y vender las acciones reales. Tiene que pagar impuestos raros en otros países. Todo eso va restando. Va restando cada día un poquito.

    Pero ojo con esto. A veces pasa un milagro. A veces la diferencia es positiva. Positiva. El fondo gana más dinero que el propio índice. Suena a locura. Pero pasa. Pasa cuando el gestor alquila las acciones de tu fondo a otros tíos para que apuesten en corto y se saca un dinero extra por el alquiler. Un pellizco. Si el gestor es bueno, ese dinero extra compensa los gastos. Y tú sales ganando.

    Esta es la métrica que te importa de verdad. La que te importa si vas a largo plazo.

    Los temblores (Tracking Error)

    Luego está el error de seguimiento. Esto es otra cosa distinta. Mide los bandazos. Los temblores del fondo.

    Imagínate dos coches yendo por la misma carretera. El índice es el coche de delante que va suave. Fino. Tu ETF es el coche de atrás. Si el de atrás va pegado al parachoques todo el viaje, el error de seguimiento es bajísimo. Perfecto. Copia los movimientos calcados.

    Pero a veces el conductor del ETF va borracho. Va dando volantazos. Se sale al arcén. Pega frenazos bruscos. Al final llega al mismo destino. Llega a la misma hora exacta. Pero el viaje ha sido un infierno de curvas. Eso es un error de seguimiento alto. Un viaje lleno de bandazos.

    ¿A quién le importa esto? Al que compra y vende rápido. A ti te da igual el destino final si te quieres bajar del coche a mitad de camino. Si te bajas justo cuando el coche da un volantazo hacia el barranco, pierdes muchísima pasta. Pierdes muchísima pasta por culpa de esos temblores.

    Por eso los profesionales miran siempre la diferencia de seguimiento. Siempre. Es lo que te dice si el fondo es un parásito chupa sangre o si hace bien su trabajo copiando al grande. Fin del misterio.

  • Bid-Ask Spread (Horquilla de precios)

    Vas a una casa de cambio en el aeropuerto. Quieres comprar dólares para tu viaje y te los venden a un precio. Pero si en ese mismo milisegundo te arrepientes de repente y quieres devolverlos para recuperar tus euros, la de la ventanilla te los compra muchísimo más baratos. En ese viaje de ida y vuelta de tres segundos acabas de palmar dinero. Magia pura.

    Pues en tu bróker pasa exactamente lo mismo. Es lo que los corbatas llaman el Bid-Ask Spread. La horquilla de toda la vida.

    Tú entras a la aplicación y ves que un ETF marca cien euros en la pantalla. Espejismo total. Ese es el precio medio. Si quieres comprarlo ya mismo, el mercado te pide ciento con diez. Y si quieres vender el que ya tienes guardado, te ofrecen noventa y nueve con noventa. Ese espacio que queda en el medio es el peaje que se queda el creador de mercado por hacerte el favor de darte liquidez al instante. Es su negocio redondo.

    El peligro de hacerse el raro

    Si tú compras el fondo más famoso y aburrido del mundo, el típico del S&P 500, no pasa absolutamente nada. Hay millones de personas comprando y vendiendo eso a cada segundo del día. Como hay tantísimo volumen y tantas tortas por operar, los intermediarios compiten a muerte entre ellos y te cobran una miseria absoluta. Un céntimo. Ni te enteras de que has pagado el peaje.

    Pero un día te levantas creativo. Decides meter tus ahorros en un ETF rarísimo de empresas de agua potable en el sudeste asiático porque has leído en internet que es el futuro.

    Eso no lo opera nadie. Hay cuatro gatos contados. El intermediario sabe perfectamente que si te vende esas participaciones raras hoy, le va a costar la vida encontrar a otro friki que se las quiera comprar mañana por la mañana. Asume muchísimo riesgo teniéndolas en el almacén. ¿Y qué hace para protegerse? Se cobra el riesgo por adelantado. Te mete un hachazo tremendo en la horquilla. A lo mejor te clava un dos por ciento de diferencia entre el precio de compra y el de venta. Un atraco a mano armada.

    Empiezas tu inversión perdiendo un dos por ciento desde el segundo uno solo por el capricho de ser original. Por eso a veces sale muchísimo más a cuenta comprar el fondo gigante que tiene todo el planeta en lugar de buscar la aguja en el pajar.